No existe la neutralidad en las aulas





No existe la neutralidad en las aulas, porque cada minuto de la vida en ellas está lleno de actos anclados, consciente o inconscientemente, en creencias y vivencias de todo tipo. Lanzarse con una mezcla inevitable de entusiasmo y miedo al Aprendizaje Basado en Proyectos, por ejemplo, no es un acto neutral, como tampoco lo es persistir en el uso de los libros de texto. Diseñar una intervención para reconducir el ambiente deteriorado en un aula no es un acto neutral, como tampoco lo es, ante la misma situación, decir que la labor del profesorado es enseñar y la de las familias educar. Trabajar de forma explícita e intencional en proyectos destinados a incrementar la concienciación sobre la violencia machista, el acoso escolar y laboral, la discriminación racial, o las guerras como acontecimientos injustificables, y para incrementar el activismo contra todo ello, no es un acto neutral, como tampoco lo es decir que lo que no está en el curriculum oficial no se puede o no se debe trabajar en clase. Formarse y transformarse para incorporar a nuestros objetivos y nuestra práctica como educadores el desarrollo emocional de estudiantes y adultos no es un acto neutral, como tampoco lo es enrocarse en la idea de que estudiamos una carrera para enseñar los contenidos de esa carrera y el resto es cosa de los departamentos de orientación. No existe neutralidad en las aulas. Tampoco este comentario es neutral, porque quien lo escribe parte de la creencia de que centrarnos, antes que nada, en las personas es, en este momento, un acto revolucionario imprescindible y urgente.

José María Ribal




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